misa Domingo 28 febrero 2010
II DOMINGO DE CUARESMA

Santos: Román y Lupicino de Condat, ermitaños, e Hilario I. Papa. Beato Daniel Alessio Brottier (MORADO)

ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 26, 8-9)

De ti mi corazón me habla diciendo: "Busca su rostro". Tu rostro estoy buscando, Señor; no me lo escondas.

No se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Señor, Padre santo, que nos mandaste escuchar a tu amado Hijo, alimenta nuestra fe con tu palabra y purifica los ojos de nuestro espíritu, para que podamos alegrarnos en la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro del Génesis: 15, 5-12. 17-18

En aquellos días, Dios sacó a Abram de su casa y le dijo: "Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes". Luego añadió: "Así será tu descendencia".
Abram creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, le dijo: "Tráeme una ternera, una cabra y un camero, todos de tres años; una tórtola y un pichón". Tomó Abram aquellos animales, los partió por la mitad y puso las mitades una enfrente de la otra, pero no partió las aves. Pronto comenzaron los buitres a descender sobre los cadáveres y Abram los ahuyentaba. Estando ya para ponerse el sol, Abram cayó en un profundo letargo, y un terror intenso y misterioso se apoderó de él. Cuando se puso el sol, hubo densa oscuridad y sucedió que un brasero humeante y una antorcha encendida, pasaron por entre aquellos animales partidos.
De esta manera hizo el Señor, aquel día, una alianza con Abram, diciendo:
"A tus descendientes doy esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río Éufrates". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.


El ritual nos resulta extraño y sobrecogedor. Sin embargo, es la forma de expresar el compromiso bilateral, suscrito entre Dios y Abrahán, de tratarse recíprocamente con Fidelidad.

Del salmo 26 R/. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar? R/.
Oye, Señor, mi voz y mis clamores y tenme compasión; el corazón me dice que te busque y buscándote estoy R/.
No rechaces con cólera a tu siervo, tú eres mi único auxilio; no me abandones ni me dejes solo, Dios y salvador mío. R/.
La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía. R/.


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses: 3, 17-4, 1

Hermanos: Sean todos ustedes imitadores míos y observen la conducta de aquellos que siguen el ejemplo que les he dado a ustedes. Porque, como muchas veces se lo he dicho a ustedes, y ahora se lo repito llorando, hay muchos que viven como enemigos de la cruz de Cristo. Esos tales acabarán en la perdición, porque su dios es el vientre, se enorgullecen de lo que deberían avergonzarse y sólo piensan en cosas de la tierra.
Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos que venga nuestro salvador, Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas.
Hermanos míos, a quienes tanto quiero y extraño: ustedes, hermanos míos amadísimos, que son mi alegría y mi corona, manténganse fieles al Señor. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.


Los enemigos de la cruz de Cristo viven aferrados u los valores mundanos que enfatizan el bienestar personal. Los ciudadanos del cielo conforman su vida con los valores del Reino.

ACLAMACIÓN (cfr Mt 17, 5) R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía: "Este es mi Hijo amado; escúchenlo". R/.


Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Lucas: 9, 28-36

En aquel tiempo, Jesús se hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan, y subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes.
De pronto aparecieron conversando con Él dos personajes, rodeados de esplendor: eran Moisés y Elías. Y hablaban de la muerte que le esperaba en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño; pero, despertándose, vieron la gloria de Jesús y de los que estaban con El. Cuando éstos se retiraban, Pedro le dijo a Jesús: "Maestro, seria bueno que nos quedáramos aquí y que hiciéramos tres chozas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías", sin saber lo que decía.
No había terminado de hablar, cuando se formó una nube que los cubrió; y ellos, al verse envueltos por la nube, se llenaron de miedo. De la nube salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo". Cuando cesó la voz, se quedó Jesús solo.
Los discípulos guardaron silencio y por entonces no dijeron a nadie nada de lo que habían visto. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.


La voz del cielo orienta a los presentes en dirección de Jesús. No basta con contemplarle extasiados y boquiabiertos. Hace falta vivir en calidad de oyente que escucha obedientemente al Hijo.

Credo.

ORACIÓN UNIVERSAL

Con el corazón en paz, oremos al Señor y pidámosle que tenga piedad de nosotros.
Después de cada petición responderemos (cantando): Kyrie, Eléison.
Por la Iglesia entera, extendida de Oriente a Occidente. Kyrie, Eléison.
Por la paz en todo el mundo, la prosperidad de todos los pueblos, y la unidad de los cristianos. Kyrie, Eléison.
Por nuestro país y por nuestros gobernantes. Kyrie, Eléison.
Para que tengamos un tiempo favorable, y la abundancia de los frutos de la tierra. Kyrie, Eléison.
Por los que están lejos de su tierra, por los prisioneros, por los enfermos, por los afligidos. Kyrie, Eléison.
Por todos los que nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía. Kyrie, Eléison.
Protégenos, Señor; sálvanos y ten piedad de nosotros. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Que esta ofrenda, Señor, nos obtenga el perdón de nuestros pecados y nos santifique en el cuerpo y en el alma para que podamos celebrar dignamente las festividades de la Pascua. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo, nuestro Señor, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo...


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Mt 17, 5)

Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escúchenlo.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te damos gracias, Señor, porque al darnos en este sacramento el Cuerpo glorioso de tu Hijo, nos permites participar ya, desde este mundo, de los bienes eternos de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- El evangelio de San Lucas nos lleva de la mano para que acompañemos a Jesús en su éxodo hacia Jerusalén. El camino de la liberación incluye un proceso largo lleno de paradojas y adversidades. No es fácil para los israelitas transitar por el desierto. Tampoco a Jesús le resulta llevadero recorrer el camino del amor pleno que lo convertiría en un crucificado. El escándalo resulta desmesurado para los Doce y sigue siéndolo para nosotros. Cada vez que busquemos escamotear las exigencias del seguimiento de Jesús, podríamos meditar en la escena de la transfiguración. De esa manera entenderíamos que el Padre jamás abandona a quienes le son fieles, sino que los reivindica para siempre y los hace partícipes de su gloria. La cruz no es la última palabra del Padre. Su acción decisiva emerge en la resurrección de Jesús.

 





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